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Cultura

Error, drama y delirio. La exposición de Carlos Mora llega a la Galería Renace de Baeza

El próximo 31 de enero se inaugura la primera exposición de la temporada de la galería Renace de Baeza. En su empeño por mostrar el arte de hoy en día, el espacio baezano viene apostando por alternar proyectos de artistas consagrados y de media carrera con creadores emergentes, proponiendo ahora al pintor sevillano Carlos Mora (Sevilla, 1989), tratándose de un artista plástico que está empezando a dar que hablar en los circuitos del Arte Contemporáneo español, y cuya obra se sitúa en el cruce entre la observación íntima y la reflexión sobre los procesos de la pintura. Licenciado en Farmacia, su práctica artística está dotada de una sensibilidad especial hacia el color, la materia y los procesos de transformación.

Su acercamiento a la pintura tuvo lugar durante los años que vivió en Madrid, donde descubrió una vocación latente que pronto se convirtió en el eje central de su trayectoria. Actualmente reside en Sevilla, donde desarrolla una obra que explora el paisaje íntimo a través de figuras y escenas que transitan entre la ternura, el cansancio y el deseo.

Carlos Mora llega ahora a Baeza en su primera exposición individual en la provincia de Jaén, avalado por el comisariado del prestigioso Jesús Reina. La muestra se inaugura el sábado 31 de enero a la 13h en la galería sita en el antiguo pósito de la ciudad patrimonial, y podrá visitarse durante los dos siguientes meses.

Estamos en el octavo año de trayectoria de la galería Renace, que ya es todo un referente del sector, y que tras exponer todos estos años a grandes nombres del arte español e internacional, ya cuenta con diversas experiencias en Ferias internacionales como UVNT, JustMad, o Marte, y que para este año 2026 anunciará nuevas propuestas de relevancia, volviendo a llevar el nombre de Baeza por diversos escenarios del territorio nacional, gracias al apoyo de instituciones como el Ayuntamiento de la ciudad, o la Diputación Provincial de Jaén, y es que recientemente se ha confirmado su segunda participación en FACBA, que se celebrará en Marzo en la Facultad de Bellas Artes de Granada; así como una gran exposición retrospectiva de la trayectoria del proyecto, u otros eventos que se están empezando a planificar.

La pintura como una imagen, un instante, una huella que apoya, en algunos casos para situarla dentro de un contexto más narrativo o como un soporte diferente para reforzar el planteamiento temático de la exposición. El trabajo creativo de Carlos Mora, trata de la memoria, la fragilidad y el aislamiento del individuo. Las piezas o fragmentos que habitan un espacio ofrecen presencia y ausencia. La ausencia inventa a las personas y también las borra.

Es la huella, la frontera que separa la privacidad de la exhibición pública. Como afirma Søren Kierkegaard, filósofo y teólogo danés, “la vida debe ser comprendida hacia atrás. Pero debe ser vivida hacia delante”. Mora es un pintor que ama el color, de forma que éste, en sus espartanas pinturas, queda convertido en una prolongación del paisaje. Llevarlo a los lienzos, al papel o a la madera es más una meta personal que un mero proceso pictórico. Como escribe Francisco Mora (no es un familiar de Carlos) “sólo se puede aprender aquello que se ama”.

Investigar y analizar por uno mismo, cuestionar y reflexionar lo que se da como cierto. Eso es lo que hace el arte. “Atención, emoción y aprendizaje”. Ese es el orden según la neuroeducación. El arte necesita una mano que lo cree y otra que lo apoye.

En el programa televisivo Modos de ver (Ways of seeing, dirigido en 1972 por un jovencísimo John Berger), se propuso analizar cómo nuestros modos de ver afectan a la forma de interpretar. Berger analiza cuatro aspectos de la interpretación de la pintura al óleo: su origen relacionado con el sentido de la propiedad, el uso continuado de la mujer como objeto pictórico, la relación entre herencia visual de la pintura y la publicidad y, finalmente, la transformación de la obra original en la marca de sus múltiples reproducciones.

La vista establece nuestro lugar en el mundo circundante; explicamos ese mundo con palabras, pero estas nunca pueden anular el hecho de que estamos rodeados por él. Nunca se ha establecido la relación entre lo que vemos y lo que sabemos.

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